5.2.18

Memorias de una gorda

*ATENCIÓN*

Durante todo el post uso las palabras "gorda" y "gordo". No es a manera de ofensa, lo digo en caso de que alguien se emperre, es simplemente decir las cosas como son y en todo caso el post es sobre mí y como no me molesta el término pues que les valga madre.

Ahora sí, seguimos con el post.



Desde que tengo memoria he sido gorda. Tengo dignidad y no voy a salir con la mamada de "Ay, soy de hueso ancho" porque no, no son mis huesos; tan sólo es que me encanta la tragadera. En serio; taquitos, alitas, pizza, pasta, malteadas, refresco; todo eso y todo lo sabroso que se atraviese en mi camino es bienvenido a bloquear mis venitas con grasa.

Si creen que ser gordo es sólo comer, dormir y recibir bullying hasta la secundaria (si bien te va) pues no, implica más cosas. Si son gordas Millennial, generación Z o T tienen suerte. Las gordas de épocas pasadas lidiábamos con el hecho de usar ropa de señora en la flor de nuestra juventud porque al parecer, aunque seamos un país gordo, nuestra percepción de falsa delgadez hace que otras gordas se metan en ropa que no les queda provocando que en sí no exista una demanda de ropa para nosotras ya que se adecuan a lo que hay. Pero ¿qué pasa cuando te incomoda que tus lonjas cubran la pretina del pantalón? Pues usas ropa de señora.

Y en realidad, una no lidia con el bullying nada más; si la vida te patea cuando te caes, o eres Miucha, te da una familia que al parecer no puede vivir a gusto sin decirte lo obvio o hacer comentarios al respecto como si no tuvieras suficiente con un montón de culeros con los que compartes salón. Navidades con "Mira, ya estás más gordita", "Deja te sirvo en otro plato más grande para que ni te pares, es que con uno normal no vas a llenar", pláticas donde no entienden por qué te vistes como señora cuando tus primitas talla regular sí consiguen ropa bonita, o donde al parecer entienden que gorda es lo mismo que ser fea cuando no es así y te sugieren que para "no estar fea" pierdas peso. Hay muchachas talla 3 que son más feas que patear un bebé, apréndanlo de una perra vez.

La vida, además de ser muy culera como sólo la vida puede serlo, cuando eres gorda e insegura (que es como el combo por excelencia) se encarga de darte un amiga perfecta. Guapa, inteligente, simpática y cómo no, con cuerpazo. De esas amiguitas con las que te lo pasas a toda madre y son tan bonitas y buen pedo que pasas por alto sentirte chiquita, feíta y amorfa cuando estás a ladito de ellas. Pasa, y seguido, no vivo cosas únicas y diferentes; y en lo que desarrollas algo medianamente similar a seguridad y autoestima pues sí está un poquito de la chingada ir por tus días así.

La gente te ve y te juzga cuando estás pasada de peso, al parecer señalar a alguien por estar gordo los hace sentirse más cómodos consigo mismos aunque en realidad sigan pareciendo amalgamas extrañas entre Laura Bozzo y un orco. Y llega un punto en el que puedes vivir a gusto con eso, no te pones a su favor ni lo justificas (porque así como estamos los gordos clichés (esos que estamos así porque nos gusta tragar y dormir) están quienes son gordos por medicación, por enfermedad o por lesión; y no se vale que te señalen porque a la gente le gusta suponer pendejadas) pero no te quita el sueño.

Ustedes llegados a este punto pensarán "¿A qué viene todo esto, Miuchita?" pues bien, como toda gorda algún día me iba a llegar el día del juicio final y pues el martes (o mañana, depende de cuándo lean esto) es ese día...

... Voy a ir al gimnasio... sí, les doy chance a que se rían... ¿Ya? Ok, continúo.

Alguna vez llegué a hacer actividad física, hubo un tiempo en secundaria en el que hacía 100 abdominales diarias que, si bien no me hacían perder peso, estoy segura de que evitaron que me saliera una cuarta papada (si es que eso se puede). Durante otra etapa de mi vida caminé 4 kilómetros diarios por cuestión de comodidad ya que prefería caminar y tomar un autobús en el que me pudiera sentar, a tomar uno frente a la prepa donde iría casi una hora de pie y apretada entre gente apestosa y gritona. Y por último estuve 6 meses tomando clases de kung-fu por cuestiones académicas. Pero nunca, n u n c a, NUNCA, N U N C A he pisado un puto gimnasio. 

Es más, yo creo que lo más cerca que he estado de un gimnasio ha sido cuando dejamos al comunicólogo fan de Muse cerca de su casa. Así.

No les voy a mentir, es algo intimidante, por alguna extraña razón la gente fit causa esa impresión en muchos, supongo que si hay algo de mayor relevancia en ese lugar que sólo sudar ya se los contaré. De momento no tengo idea de nada, de qué se hace o qué se lleva; aunque viendo mi timeline de Facebook sé que a huevo debo llevar el celular ya que al parecer en los gimnasios no te dejan usar los aparatos si no subes una perra selfie con frases y hashtags motivacionales-veganos-fit.

Y oooooooooooooooobvio esperen chingos de quejas en mi Twitter porque de verdad el único ejercicio recurrente que he hecho en toda mi vida es caminar a la nevera o al baño.

Que Luzbel se apiade de mis lonjas.

Amén.

-Miucha-