6.9.10

Háganme el favor de no gritar...

Desde que tengo vida académica que sea importante (osea desde que entré a la primaria) uno de mis mayores problemas a sido hablar con las demás personas. Sé que el examencito que está acá en la barra de al lado dice lo contrario, sepa la madre por qué, pero hablar con los demás no es algo que me entusiasme del todo. Siempre creen que es porque me siento más chingona que los demás pero la verdad es que congeniar con el resto del mundo no me es importante.

Sin temor a exagerar he tenido maestros que nunca conocieron más allá de palabras como "presente", "sí" y "no" provenientes de mí; rara vez me pedían explicaciones de por qué no llevaba la tarea.

Al pasar de los días aumentaba la curiosidad... ajena, porque personas que ni me interesaban llegaban a entablar conversación.

Me cargo con la habilidad de alejar a todos usando sólo palabras, en serio, puedo usar sarcasmo y mamonería y les juro que hay personas que preferirían haber comido caca en vez de haberse topado conmigo. Eso lo aplico desde en la primaria, hasta que por azares del destino (una vieja metiche se "preocupó" por el hecho de llevar cuatro años sin hacer amigos) tuve que socializar a huevo con alguien, sino trataba seguirían interrumpiendo las labores que hacían mis jefes pa'darme educación, o encerrarme en ese pinche reclusorio infantil, ahí como gusten verlo.

Siempre me he preguntado cómo o por qué los salones en los que he estado se dividen de forma muy muuuuuuy notoria y sólo para tragarse a los demás. Sólo se unen al momento de pedir tareas, nunca he visto que se unan cuando alguien tenga algun pedo o un problema. Las mujeres son las más notorias si me lo preguntan, desde que tengo memoria se juntan con las más parecidas a ellas (en el caso de las inadaptadas, pues se juntan con quien no les haga tanto el feo) se hablan medianamente bien con las demás y siempre habrá un grupito con el que no cruzen ni una palabra. Hasta cuando se miran pareciera que se quieren dar en la madre a golpes.

Seguramente hay una ley para chingar a los demás, creo que hasta entre perros se ayudan más para sobrevivir todos, acá si alguien se jode, pues, alguien se ríe, y adimto que yo soy de las cabronas que se ríen, pero lo que me diferencía a mí de los demás es que yo me burlo de absolutamente todos, es muy raro que no lo haga de alguien, sólo hay una o dos personas que se salvan de mí, mientras que los demás se burlan específicamente de aquellos que creen inferiores a ellos o "nacos".

Nunca he comprendido por qué las mujeres "normales" gritan tanto al momento de emocionarse, me resulta estúpido, eso sin contar que si yo grito hablo mucho más cabrón que el Padrino. En serio, ¿no les es posible emocionarse sin gritar?, lo peor es que alguien llega a pensar que algo les sucede, no sé violación, efectos secundarios de la viagra o similares, llegan a preguntar que sucede y les dicen chismosos. Si de verdad quisieran guardar discreción mejor se quedaban calladas y se lo contaban entre ellas.

Los gritos de las viejas fueron los que me hicieron odiar de forma colérica la prepa y miren que aún me faltan tres semestres. Lo sé, sólo me queda apechugar. Pero bueno, como les decía, los primeros días de prepa fueron peor que el limón en los ojos, y miren que muchos sabemos lo que es el limón en los ojos, y no hablo presisamente de gotitas, nooooo señor, hablo de pinches gajos completos. Me levantaba (me sigo levantando) a las 5:30 am si quería alcanzar a cambiarme y desayunar rápido.
El viaje en camión como podrán apreciar en mis entradas viejas nunca me es lo máximo, si hubiera un camión con asientos de piel, música de los Rolling Stones y los Sex pistols, aire acondicionado, botanitas y refrescos, en el que sólo se subiera gente bañada y que fuera conducido por el gemelo genéticamente creado de Sid Vicious no tendría problema alguno. Estoy al tanto de que eso no sucederá. Después de un (muy) cagante viaje en camión, llegar al salón era para mí algo de lo cuál sería buenísimo salir corriendo en sentido opuesto al cuchitril de salón que tenía. Llegaba y sólo me quedaba esperar a la maestra de la primera clase, pero antes, llegaban ellas *tono macabro*.

Ellas, son un grupo de viejas más fresas que la mismísima chingada, son de esas chavas que si no tienen una sola gota de maquillaje en la cara no salen de su casa ni aunque se esté incendiando mientras es atacada por una horda de perros rabiosos. Llegaban una por una, y desde que se juntaban dos y esperaban a la tercera, la cuarta, la quinta y así sucecivamente el inicio de sus pláticas era técnicamente éste:

Chava 1: ¡Chicas adivinen qué!

Grupo de chavas: ¡¡¡¡¡¡¡¿Qué?!!!!!!!

Chava 1: ¡¡*Inserten cualquier mamada que las involucre a ellas y algún cabrón*!!

Chava y grupo de chavas: ¡¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahh!!!!!

Y así era exactamente hasta que llegaban todas, y dejenme decirles que son un putero. Además una de ellas no tiene exactamente la voz más melodiosa del mundo, es de esas voces con las que de ser hombre podría aplicar el dicho "Su voz es tan pinche que me campanea en los huevos", pero solamente me limitaré a decir que me caga como habla. Y eso era diario, diario, diario, en serio llegué a considerar decirles -Habemos personas mamonas que nos chingan el día sus pinches gritos, ¿harían el favor de guardar silencio? gracias- pero recordé que el salón no era mío, que no estaban en mi casa y mientras no fuera así, no podía perdirles que cerraran el pinche hocico.

Ahora entiendo la razón por la que les pagan tan bien a los maestros, de verdad, si tuviera que aguantar pinches viejas locas y gritonas por más de 20 horas a la semana yo pediría mi compensación, cuando menos por ir a que le den en la madre a mis pobres tímpanos.

-Miucha-

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