13.10.10

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Hoy terminé de leer un libro, era de Stephen king. Podría decirles cuál, en cuánto tiempo y de qué trataba pero ciertamente no viene al caso.

La primaria es de esas cosas que no me gustaría recordar, y de poder recordar toda mi vida ni siquiera me tomaría la molestia en hacer recuento a detalle de lo que me sucedió en esos años de mi vida. Pasaron muchas cosas, reprobé mi primer exámen, descubrí que un cinco no es mitad buenas y mitad malas, un cinco te hace una pendeja además que supe lo que es una cagada por salir mal en alguna materia. Supe los extremos a los que se llegan con tal de caerle bien a un grupo de personas que, de haber sabido en su momento el I.Q que se carganban, no valían la pena. Aprendí a apreciar la comida de mi casa y me hize de algo que es de las pocas cosas que me enorgullesen, me hize de la maña de no comer cosas de las cafeterías de las escuelas en las que he estado (de esas fechas para acá me dí cuenta que comprar mierda no es factible y menos cuando la mierda es gratis en mi casa). Conocí gente que me me hizo de un carácter fuerte y una mamonería envidiable, gracias a personas como una tipa llamada Karen que siempre juró que uno de mis colores era de ella aunque los míos fueran Prismacolor y los de ella Blancanieves... see, lo sé, pobre estúpida.

 Una de las tantas cosas que conocí a parte de que los maestros perfectos no existen fue ese castigo ya bastante viejito y gastado de no dejarte salir al recreo.

No recuerdo bien por qué fué el castigo, creeo que fue por una niña que se había caido cerca de mi lugar, y contrario a lo que se podría pensar ahora de mí, no había sido yo. See, fue eso. La pendeja se cayó por las cintillas de sus tenis, pero vamos, ¿qué mejor que culpar a la wey que no habla y que está justo a un lado tuyo no?. Lloró como si hubiera perdido la virginidad a manos de un gorila; si no hubiera hecho tanto escándalo la maestra lo habría dado por alto, pero no, osea ¿no entienden? era la niña que no hablaba, por Luzbel, sería pecado no joderla aunque sea poquito. El objetivo de esa rata piojosa se cumplió, no le hablaron a mis papás, se sabe desde el kinder que no tienen tiempo para nada que se relacione conmigo, pero sí me dijeron "Te vas a quedar sin recreo porque eso no se hace". A pesar de no haberlo hecho, nunca ví algún reglamento que dijera "no le meterás el pie a tus compañeros", pero en fin, continuo. Pude decir algo y lo hize, pero no tuvo caso ¿cómo le van a creer más a una niña cuya voz no se conocía hasta ese instante en vez de creerle a la sobrina de la directora?.

Dieron el toque para salir, saben que por esas épocas las lacras salen como si los hubieran tenido aislados por meses en campos de concentración, pero ese día, yo me tuve que quedar en mi banca, dentro del salón y con la maestra.

-No te vayas a ir porque sino mañana te quedas aquí también, voy por mi comida-

-...-

*Unos minutos después*

-¿Tu no comes?-

-Aqui no -

Terminó de comer, ninguna dijo nada en ese lapso, y hay que admitirlo a ella le hubiera gustado irse a chismear con los demás maestros en vez de estar encerrada conmigo, ¿pero qué puedo decir? el instinto de joder es mayor.

-¿Por qué le metiste el pie?-

-No fuí yo-

-¿Entonces?-

-Se cayó con sus cintillas, no es culpa mía que no sepa atarse los cordones de los tenis-

-Ella dijo que le metiste el pie-

-No sé si lo habrá notado pero no tengo las piernas tan largas, además la forma de la banca no me dejaría-

-... ¿Y por qué no me dijsite antes?-

-Se lo dije, que no tenga parientes importantes aquí como ella para que mi credibilidad sea mayor es otra
cosa-

-...-

-...-

-Y... em, ¿no quieres salir?-

-Si quiero, pero a estas alturas ya no tiene caso-

Oh see, lo seca, amargada y cortante ya viene desde antes, la maldad nace no se hace.

Los minutos transcurrían, ese recreo fue el más largo que he tenido, o al menos así lo sentí yo. Ya no había tema de conversación alguno, dudo mucho que una niña de primaria y una maestra treintona pudieran hablar de algo ya no productivo, sino por lo menos ameno. No tenía nada por hacer, no dibujaba porque en libretas de cuadrícula no me gusta, tampoco dormí porque la banca era incómoda y no leeí porque vamos, ningún niño leería por gusto propio problemas de matemáticas que la mayor parte del tiempo tienen que ver con frutas. Lo único que me quedaba era ver hacia la ventana y esperar, pero hacer eso mucho tiempo aburre, así que me puse a ver a la maestra. Ella tampoco tenía mucho por hacer, lo supe cuando se golpeó la cabeza con el locker al estarse quedando dormida. Se dió cuenta de que yo la miraba. Se puso pálida, nerviosa y comenzó a jugar con sus manos. Creeo que desde ese entonces ya tenía esa mirada incómoda con la que todos piensan que los asesinaré. ¿Conocen a Gage, ese simpático niñito con bisturí? El terror que causaba al salir por debajo de la cama o del ático yo lo logro causar sólo viendo a alguien. Ustedes saben, genética.

El tiempo siguió pasando hasta que dieron el toque para entrar, todas las lacras volvieron, unas más mugrosas que otras, y obviamente no faltaron las preguntas respecto a mi castigo. Preguntas que no me molesté en contestar.

Creeo que fueron los 40 minutos más agobiantes para la maestra y los más mal gastados para mí.

Pero con todo y que fue de esas veces en las que la justicia que quieres exige sangre, me gusta recordar ese castigo porque todo estaba en absoluto silencio, claro menos esas partes en las que la maestra trató de ser amigable y me habló, pero básicamente el lugar era tranquilo, cosa que ahora en la prepa extraño.

¿Por qué mencioné lo del libro? Porque lo terminé en el receso y parte de una clase, pero el receso no fue exactamente lo que esperaba... como todos los días. Siempre hay alguna vieja gritando por pendejadas, o entra algún wey de otro grupo u otro grado a andar de escandalozo cuando se supone que el salón debería estar vacío... Sí, sé que eso me incluye a mí, pero dudo mucho que la prefecta se moleste con una tipa sólo por estar en una banca leyendo. Además, entran comiendo y el olor a garnacha no es precisamente el que me gustaría oler mientras estoy leyendo.

¿Que soy exigente? lo sé, ¿que debería ser menos mamona? también me lo han dicho. Pero así como hay personas que gustan de gritar mamadas en sus ratos libres habemos personas que gustamos de leer un poco en esos ratos muertos. No pido mucho, sólo pido que no gritaran tanto, o que si gritan por lo menos fuera con fines prácticos o por lo menos humorísticos, no sé quizá en una protesta contra el uso de armas nucleares o ya sea gritándole sus verdades al maestro de turismo, eso estaría bueno de ver.

-Miucha-

1 comentario:

El diario de York dijo...

HOLA!
Me encanta tu entrada! Es genial. Me encanta la gente que piensa tan literalmente, me identifico mucho con ellas (tal vez por que yo soy asi). Ojala a esa maestra le haya dado verguenza!
Perdon por no venir a comentar, ando leyendo todas las entradas, pero la escuela me a absorvido (ando en examenes D:).
Bueno, espero poder mañana entrar un rato mas!
Saludos!