4.9.11

Happy birthday, dear Miucha.

Yo sé que les vale un reverendo taco de riata que haya sido mi cumpleaños, pero si no lo digo el resto de la entrada no tendrá ningún fundamento... como la mayoría de las chingaderas que escribo.


De un tiempo a la fecha cumplir años no es algo que me sea muy grato en especial por la parte en la que toooda mi familia busca hacer fiesta. Pero saben, no siempre fue así. Me gustaba cumplir años porque ese día me trataban de forma especial, pero sólo era eso ya que en las fiestas infantiles solía engentarme muy rápido. Me encantaba la parte de abrir los regalos, me gustaba recibir obsequios por pequeños que estos fueran. Hasta que un pequeño bastardo me jodió la perspectiva.


Resulta que x día en x cumpleaños que tuve mi madre volvió a invitar a muchos niños. Uno de ellos, cada que pasábamos por la mesa de regalos, me recalcaba cuál era el suyo y lo ponía al frente de los demás. Era una pequeña caja alargada envuelta en un papel morado con un moño rosa, muy mono la verdad. Al final, cuando ya todos estaban juntando sus cosas para irse, el niño fue por la caja y me la dio para volver a decir: "Que no se te olvide, éste te lo dí yo".
Cuando llegamos a casa y me dispuse a abrir los regalos el suyo decidí dejarlo hasta el final. Resultó ser un conejo rosa relleno de esas bolitas pequeñitas de plástico. Me gustó tanto que hasta la fecha lo tengo y sin alterar (o sea sin teñir, perforar o cortar). Así pasó el tiempo hasta que por azares del destino me invitaron a la fiesta de cumpleaños de ese niño.


Al llegar, y tratar de recordarnos mutuamente, le entregué el regalo que mi madre había comprado. Lo cargó, miró en todos sus ángulos en busca de algún indicio que dijera qué era lo que contenía el paquete y sin éxito alguno sólo agregó: "Espero que sea igual de bueno que el que te dí". En ese momento mi pequeña mente lo analizó todo, la gente te daba cosas en tu cumpleaños para que, cuando fuera el de ellos, tú les regresaras (aunque sea equivalente en precio) lo que ellos te habían dado. La gente al ir a mi cumpleaños nada las obligaba a llevar regalos, así como yo iba a darles uno con gusto y sin considerar lo que ellos me obsequiaron antes.


Después de eso empecé a repudiar los presentes, fueran lo que fueran no quería que me regalaran absolutamente nada. No para no dar después sino porque igual, entre tanta sonrisa podría estar escondido un "Lo espero de vuelta en mi cumpleaños", y los regalos por interés no son menos ojetes que una mentada de madre.


El año pasado no hicimos nada en mi cumpleaños, cosa que me alegró mucho, pero ésta vez sí organizaron algo. El problema fue ver tanto regalo reunido, me hace pensar que todos me esperarán para ver si lo que les obsequie por lo menos alcanza el precio de lo que ellos me dieron.


-Miucha-

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