16.9.11

Putas Pringles.




Yo sé que las Pringles tienen un empaque bastante cómodo para la gente mochilera como yo, pero el sabor a chingada nada ni nadie se las quita. Posiblemente para algunos paladares sepan bien, no lo dudo, por algo siguen en el mercado.


Mi problema con Pringles fue que básicamente un buen día se le ocurrió caerme mal, enfermarme de manera literal. Había consumido de las naturales, de'sas que sólo espolvorean con sal y las empacan, nada mal cuando las acompañaba de guacamole mientras veía El resplandor. Me quedé con una buena imagen de esas papas y no las volví a consumir hasta tiempo después.


Un buen día mientras mi papá me regresaba a casa después de la visita semanal que me tocaba nos detuvimos en un Oxxo. Por esos días a mi madre la empezaba a azotar ese mal de "Ya nada te queda, estás gorda" y las gusguerías que consumía, las consumía con mi papá. Decidí aventurarme entre tantos sabores y elegí unas sabor queso. En el transcurso del viaje me las comí y me supieron raro pero no a puntos grotescos, justo lo que esperaba.


Al llegar a mi casa y despedirme de Chuy me empecé a sentir mal. Una especie de movimiento extraño en el estómago, ya había valido madre todo. Entré en la casa, saludé a mi madre, ella se regresó a lo suyo y yo comencé a moverme lento. Mi creencia hacia los malestares ha sido que si te vas lento a recostarte se te quita. Si no me creen pregúntenle a mi hermano, cualquier mal lo quiero quitar descansando.
Me hice Santa Chingona que-todo-lo-hace-y-todo-lo-puede y caminé a paso apresurado a mi cuarto, pinchísimo error. Sentí algo recorrer mi garganta. Iba a vomitar.


Corrí al baño y vomité lo más en silencio que pude y funcionó. Ya me sentía muy mal como para escuchar regaños y quejas sobre cómo no debí comerme una papas porque acabaría cerda y deforme. Digamos que en mi familia si te caes te patean por ello, ¿me explico?. Así me la llevé exitosamente hasta entrada la noche cuando ya nos íbamos a dormir. Sin ruido de televisión que difuminara los ruidos de mis pisadas al correr al baño, y de paso cómo toda la porquería caía en el escusado (perdonen la charla tan grotesca) mi madre se dio cuenta.


Me empezó a regañar y a preguntar por qué andaba vomitando y como me negué a decirle que fue por darme el gusto de comer unas patatas fritas, ella empezó a hacer conclusiones muy pendejas alarmistas en su cabeza. Regresé a recostarme y tratar de dormir cuando escuché cómo marcaba el teléfono. A lo lejos escuché un "Habla con tu hija". Segundos después de que colgó recibí una llamada al celular que venía de mi papá, y él sin rodeos ni nada me preguntó lo que mi madre había especulado entre dientes. Me preguntó si estaba embarazada. PINCHES-PUTAS-PRINGLES-CULERAS.


No sé qué me encabronó más en ese momento, que las pinches papas lo ocasionaran o que mi madre anduviera pensando semejantes chingaderas cuando apenas estaba en secundaria. 


Desde ese día odio a las Pringles con motivos bastante razonables, me hacen daño y han sido las causantes de que me pregunten eso. No me incomoda ni mucho menos, pero sacó a relucir la sarta de pendejadas que piensa mi madre cuando salgo de la casa (ya que, creo no lo escribí, pero le andaba encasquetando los posibles padres a mi inexistente hijo habiendo como candidatos varios amigos).


A veces ruego ser adoptada, pero Luzbel se ríe de mí diciéndome que no lo soy.


-Miucha-

1 comentario:

Oneechan dijo...

O_O wtf.!
Así son algunas personas de alarmistas, primordialmente los padres, es su función específica dudar de los hijos, supongo -.-
Lo sé, es la onda que en Japón celebren tantas cosas...aunque no estoy muy segura de que les den días de asueto..aun así es bueno que respeten sus celebraciones.
Por cierto, un gusto volver ^^
Espero pasarme por aquí más seguido!
Noa vemos ^^
Sayo~