7.10.11

No seré como Akira Toriyama.

No soy la del dibujo... cuando ando fachosa.

Hace mucho soñaba con ser como Akira Toriyama, el creador de Dragon Ball. Pensaba que el trabajo de mangaka (monero de cómics japoneses, pa'l normal que no lo sepa) era la epítome de genialidad. Dedicarte a lo que te gusta, que lo que te gusta sea fácil y que de paso miles de millones gusten de él es algo difícil de rechazar.

Pasado el tiempo supe que Akira había quedado tan harto de Goku y compañía que se lo cedió a la casa productora, la cual ha hecho muy bien el trabajo de meterse el concepto en el rabo. Me imaginaba al mangaka como un ser que pasaba las horas sentado haciendo páginas, entregándolas en una fecha y hora determinada, millonario y que de paso tuviera reuniones sociales tipo: "Mañana tengo cena con el dibujante de Death Note, la creadora de Fullmoon wo sagashite, de Ranma 1/2, etc". Discúlpenme, esas eran mis fantasías laborales peyoteras.

Por esos tiempos, en los que mi sueño laboral era pasar horas sentada en un escritorio dibujando, sólo sabía el método de trabajo que usaban los que hacían cómic americano (o los gringos, pues). Básicamente su forma de trabajar sólo necesita cuatro personas cuando se trata de entregas grandes, como los libros de Los vengadores: El dibujante, el entintador, el colorista y el guionista. El primero se encarga de todos los trazos a lápiz, el segundo de pasarlos a tinta y borrar el lápiz, el tercero de añadir color por medio de la computadora y el último es aquel que organiza los cuadros, la historia, diálogos, etc. 

Para mi, cuatro integrantes era lo único que se necesitaba para sacar publicaciones tamaño industrial y mi decepción hacia el trabajo de un manga era ése, el mangaka no trabajaba solo y a veces lo hacía hasta con más de cinco o seis ayudantes. Estoy segura de que sólo son cosas mías, después de todo soy un ente raro (incluso gente que sólo me ha tratado un par de veces por correo me lo ha dicho), pero para mi gusto, el tener más de tres ayudantes hace lucir al mangaka como un perezoso sin importar el tamaño de la entrega.

Aquellos que no hayan tenido el gusto de tener un tomo de alguna historia entre sus manos les cuento, el mínimo de páginas que he visto en un manga es de 95, todas hechas a mano, con pantallas de puntos y demás cosas. A veces suelen tener más de 200 que obviamente se entregan en un lapso de tiempo algo razonable. Después de acabar X manga, vi aquellos cómics extras acerca de lo que vive el creador mientras hace la publicación y conté que tuvo al rededor de nueve o diez ayudantes. No supe qué decir, ciertamente el dibujo no es tan fascinante, tiene errores anatómicos (a pesar de ser un estilo propio de la dibujante), y hay muchísimas plantillas hechas por computadora. No encuentro razón alguna para tener casi diez asistentes a menos que se hayan reemplazado mutuamente, cosa que nunca se mencionó en ningún tomo.

Continuaba mi camino en aquello de las cosas japo y llegué a un punto en el cuál empecé a valorar más el trabajo de CLAMP. CLAMP realizó la serie de Sakura Card Captor y la serie de Guerreras Mágicas que fueron las más sonadas aquí y que se transmitieron por televisión abierta. Había iniciado como un grupo de doce doujinsheras (así les digo yo, ¿algún pedo?) y al final se redujo a cuatro mujeres las cuales actualmente siguen trabajando. Una se encargaba de la historia, otra era la artista principal y las otras dos eran sus ayudantes, eran cuatro. Por cosas del destino la artista principal se enfermó de artritis y no puede hacer cargas grandes de trabajo como antes, ahora el estilo está combinado con el de una de las ayudantes cosa que no le quita calidad al trabajo.

Son cuatro, y todos sus trabajos que han sido tomos de más de 100 páginas han sido entregadas a tiempo, en regla y forma, y aunque no han terminado algunas historias, porque no les sale de sus ocho ovarios hacerlo, siguen teniendo un gran renombre a nivel mundial. Siendo sólo cuatro, cuando hay mangakas que no duran ni dos volúmenes y tienen más de ocho asistentes. Ja, ironía, no siempre más significa mejor.

La razón por la cual dejé de perseguir el sueño de ser mangaka fue más que nada porque no me veía dibujando bajo presión. Tuve mi tiempo de practicante en el cuál me ponía tareas de historias cortas por mes o semana teniendo cierta cantidad de páginas como objetivo por día. Caí en la cuenta de que al tener un bloqueo creativo al editor no le importaría, y tendría que sacarme como fuera el desenlace de la historia o la continuación de un capítulo, y aunque tuve ciertas ideas respecto a aliarme con algún escritor para trabajar simplemente los que conocí preferían ser la voz de los jóvenes de mi generación (creando textos estúpidos sobre lo incomprendidos que somos).

Cambié de vocación a una que la mayoría de la gente ve superficial y aprecia poco. Espero y lo vean de la siguiente forma, si no fuera por los diseñadores textiles ustedes andarían encuerandos mostrando sus miserias y asquerosos cuerpos.

Algún día, quizá me anime a hacer una historia corta con un poco más de empeño que un par de hojas.

-Miucha-

1 comentario:

Oneechan dijo...

Punto para CLAMP :) nimodo que se le va a hacer...el manga ya no es lo que era :/ en cuanto a gustos en manga los tengo muy reducidos, realmente no sé que hare de desaparecer CLAMP un dia .-.
Y de los bloqueos creativos es cierto...a veces ni uno sabe como salirse de la historia que creo, de tan enredada que está o simplemente no halla como darle un final decente.
Por cierto, es bueno eso de aliarse con escritores y dibujantes, aunque no hay mucho de donde elegir, bueno, si los hay, pero creo que hay que buscarle mucho.
Miucha un gusto volver por acá! Aunque sea por tiempo limitado -.-
Sayo-des :3