16.11.11

Donde jamás se duerme.

Hay un pueblo muy pequeño, entre una carretera y una capilla en la cima de una gran montaña. Se dice que fue construido para ayudar a quienes padecían males al ir a la bendita edificación o que simplemente querían descansar.


Todos los que han visitado el lugar lo han hecho de noche, periodo en el que muestra señales de ser poblado. De día todo el mundo lo rodea, se rumora que el ambiente es denso, la fatiga te invade y la sensación de ser observado te penetra. Pero para mí siguen siendo eso, simples rumores. ¿La razón? Yo sólo conozco el lugar cuando está en tinieblas. Y ni siquiera luce peor de lo que podría lucir de día.


-Acabo de perder de vista a mi mamá.
-Con su altura es imposible, seguro descansó en algún arbustito. Y a todo esto, ¿qué pidió tu mamá?.
-Que ya no fuera tan aislado y antisocial, cree que con conocerte ya di un gran paso.
-Como diría Brozo, "órale".


La señora no pudo agarrar peor día para ir. por la fecha había montones de religiosos agradeciéndole a sus amigos imaginarios, y el clima lo hubiera aprovechado para estar en algún parque con bastantes árboles para sentirme en los bosques canadienses, pero no.
A parte de elegir una pésima fecha, exigió que no lleváramos nada para ella en la camioneta. Quiso hacer la tradicional caminata de inicio-pueblito-capilla.


-Podríamos ir en la camioneta.
-Pero según tu mamá no se siente el sacrificio y no cuenta como paga.
-Puñeteses. Ahí viene.


La señora se veía cansada pero bastante feliz. Supongo que el hecho de que su hijo le hablara a alguien no menos antisocial que él la tenía así. Aseguró que por todos los caminantes y lugareños el pueblito estaría bastante animado. Dio la orden de irnos a esa pequeña comunidad para vernos ahí y terminar su recorrido.


-Pinche frío.
-No pinchees mi clima preferido.
-Hablando de pincheses, ¿y tu "nyo"?.
-Me lo he tragado desde que empezó el viaje. Tu mamá debe ver que soy un poco normal, sino la manda la dejará a medias.


Buscamos la casa que daba alojo y cuidados a los que hacían las mandas y cuando dimos con el lugar dejé que siguiera por su cuenta. Caminé hasta llegar a una plaza iluminada por focos en serie entrelazados en el aire. Mucha gente caminaba a lo largo de la plaza, continuando con su camino, haciendo pequeñas nubes de vaho, con las manos en los bolsillos y buscando a sus conocidos con la mirada.
Al fondo un señor regalaba café. Café con canela, según recuerdo.


-¿Acepta venderme un vaso de café?.
-No lo vendo, lo regalo. Tome.
-Es para los caminantes y yo ni siquiera soy creyente. Déjeme darle algo por el café.
-Así está bien, lo ocupa mucho, tiene la boca moradita.
-Je.


Recargada en el árbol empecé mi café y por mera cortesía le inicié la plática al señor.


-Me sorprende que estando enfermos hagan la caminata.
-Huy, señorita, si supiera. Se ve cada cosa por estas fechas.
-¿En serio?, ¿cómo qué?.
-Enfermo, nacimientos... defunciones.


Seguí bebiendo y el silencio aterrizó entre nosotros. Puse atención a la escena que se desarrollaba frente a mi. Miré las facciones de todos y muchos lucían monótonos, con la mirada perdida.


-Hay gente que no logra terminar el viaje...- Interrumpió el señor y me salpiqué con algo de café.
-Ajá- Me limpié la mancha.
-...Y trata de hacerlo en otro plano.


Cubetazo de agua helada. Traté de buscar indicios de algún espíritu o aparecido entre tanta gente. Busqué en ventanas, balcones, entre árboles y lo único que había era oscuridad, o en su defecto luces artificiales. Quería encontrarlos, ya que todos mis encuentros paranormales habían sido sólo con movimientos, ruidos y objetos.
El señor notó mi insistencia de búsqueda, a lo que agregó un "Ay, señorita, mírele los pies a la gente y dígame qué ve".


Borroso es lo que creí ver. Necesito lentes, debería usarlos más no lo hago. Error de visión pensé que tenía.
A poco menos de la mitad de las personas se les difuminaba la figura desde la pantorrilla hasta sus inexistentes pies. Rabia. Creí no estar enfocando bien la vista hasta que me fijé en otros. Ellos no se "borraban" por decirlo de alguna forma. Curiosidad. El señor se sonreía.


-Mírelos, cuesta creer que son dos planos diferentes, juntos aquí y ahora.
-No joda-. Me limpié la boca con la manga de mi blusa, y arrojé el vaso de unicel a una cubeta destinada a la basura. -Pues si no le importa, recorreré el lugar, gracias por el café.


Era increíble que personas sin darse cuenta estuvieran conviviendo de cerca con entes del más allá. De cada calle que recorría, la mitad de los que se paseaban no poseían pies, parecían flotar y a ritmos inconstantes. Al girar en callejones o cocheras se disolvían en el aire. Nadie más lo notó, iban tan concentrados para rendir el viaje que no tenían ojos más que para el camino que se había hecho por la erosión del suelo, ocasionado por los caminantes.
Sonó mi celular.


-¿Dónde estás? Mi mamá ya volvió a la marcha con otras señoras.
-Recorro el pueblecito, no te vas a creer lo que pasó. Nos vemos en tu camioneta.


No di tiempo a que respondiera y colgué. Corrí sin aminorar el paso hasta que me encontré con él esperándome en el vehículo.
-¡¡Nyo!!- Me colgué de él cual vil koala.
-¿Qué onda?.
-Tomé café con un señor y...
-¡No mames! Te he dicho que no hables con extraños.
-Osh, deja te acabo de contar y luego me cagas nyo.
-Está bien, ¿qué pasó después?.


Le conté todo lo sucedido, desde el café hasta mi acoso con los del más allá. Rió un rato, me acarició la cabeza como si se tratara de un gato juguetón y me subió a la camioneta.


-Soy de mente hiperactiva pero debes creerme nyo.
-No es que no te crea, pero, bonita, es demasiado fantasioso para ser cierto.


Hice puchero y mientras avanzaba la camioneta, las luces comenzaron a iluminar a su madre quien platicaba con otra señora. Las miré de arriba hacia abajo cuando vi que la compañera de charla de su madre no tenía pies. Se desvanecía a nada igual que la mitad de la gente en el rancho que habíamos dejado.


-¡Mira nyo! Te lo dije nyo, vele los pies, esa señora ya está muerta nyo.
-... N-no mames, no mames, no mames.
-¿Le decimos a tu mamá nyo?.
-No...


La noche siguió su cause. Ninguno dijo nada, preferimos que su mamá conservara la idea de que hizo una buena amiga ese día. Jamás supe el nombre de aquel lugar, y por recuerdos de carreteras no puedo llegar ya que todo el camino de ida me fui acostada en la parte de los pasajeros


Como de eso ya hace un año volví a hablar con él, a pesar de la lluvia de problemas que pasamos.
-¿Qué?, ¿no vamos a pagar manda este año nyo?.
-A ese lugar sólo se va parar su puta madre...


-Miucha-

1 comentario:

Oneechan dijo...

Yay! Ya puedo acceder nuevamente a tu blog.
Hablando de cosas paranormales, es interesante lo que relatas, precisamente hoy hablaba con mi madre sobre las conexiones extrañas entre nuestra familia y asuntos en otro plano, aunque por lo general me mantengo esceptica no voy a negar que me fascinan este tipo de historias.
En fin, es un gusto pasar de nuevo por aquí :3 see you soon.
Sayo!