12.2.12

Dejen de molestar.


Amor es todo lo que necesitas, ya lo dicen Lennon y sus amiguitos.

Estas fechas suelen ser atacadas por los indignados por el consumismo, suelen ser demasiado idealizadas por las personas con pareja y son por demás maldecidas por aquellos solteros-por-no-tener-elección. Triste. Todos hacen alboroto por un día que no deja de ser igual a los demás, pero así es el ser humano, va con las masas, se rinde ante la publicidad y como buen enemigo que algún día fue, no pude con él así que me le uní.


Éstas cosas deberían verse con filosofía, pero la pubertad a veces nos gana y hace que nos saquemos discursos inmensos que podrían convencer a masas pendejas, algo así como lo que lograba Hitler por los 40's. Y aunque el mes de febrero por lo regular te saca recuerdos cursis y llenos de melcocha, a mi me recuerda que todos aquellos que ladran sobre el materialismo que se vive en estos días, sólo es gente a la que no le han ofrecido ni un jodido abrazo. Me explico.


En secundaria tuve una compañera que se sentaba detrás de mí. Estaba de mi tamaño o poco más baja, y su peso seguro rondaba por los noventa kilos. Quizá poco menos, no soy pinche báscula visual. Era morena oscuro, tenía la cara redonda, principios de acné y los dientes un poco chuecos. Era buena persona, no lo niego, pero visualmente seguro estuvo al final de muchas listas, quitándome mi lugar como la menos agraciada del grupo.


Resultó tener una amiga no menos fea que ella, pero que era asediada por ser, como llamarían en puebla, pucha-fácil. Casualmente ése año se hizo de un novio para no pasarla sola el día que se festejaba esa fecha en la escuela, dejando a su amiga sola durante todo el día. La amiga sin opción alguna llegó y se sentó junto a mi para comenzar una charla con tal de no andar de leprosa por el plantel.


-Hola, ¿qué haces?.
-Qué onda, ando dibujando. ¿Y tú qué, por qué no andas afuera?.
-Pues es que ya ves.
-Ah, ok.


Me adentré en lo mío ya que yo no tengo la habilidad de adivinar los pensamientos de una persona con sólo oírles decir cinco palabras. Por la ventana alcanzaba a distinguir a las parejitas andar por el plantel con rosas, cajas de chocolates y peluches en sus manos. Amigos obsequiándose dulces, tarjetas y detallitos pedorros de "Todos a cinco pesos". ¿Mi situación en esos momentos? Simple, quedada con los amigos para ir por helado. Ninguno de nosotros cuatro tenía la economía y las ganas suficientes para andar de arriba para abajo como pasiva con dildo adentro. Así, hasta que por equis motivo comenzó a platicarme lo que hasta el día de hoy sigo creyendo que es un montón de mierda.


-Velos, ¿te imaginas cuánto dinero hay allá fuera en chocolates, rosas y todos esos regalos?.
-See, supongo que mucho.
-Ash, hoy en día sólo quieren comprar cosas. Te aseguro que ni se quieren y mañana terminan.
-¿Te cae?.
-Ay, obvio. Ve, se nota que el 14 nomás es para comprar. Es como que sin regalos no se quieren. Jodidos compradores compulsivos.
-Jajajaja, no mames, ¿de perdido sabes lo que son los compradores compulsivos?.
-Pues son esos que compran mucho, ¿no?.
-Sí, pero nada tiene que ver con la ocasión.
-Es que se pasan. En lugar de que se abracen o así. Pinches consumistas... putos. Jiji, no vayas a decir que yo dije eso.


Así se la pasó escupiendo esmegma durante interminables cuarenta minutos, casi la hora, hasta que me harté y le dije que me retiraba para volver después. 


Caminé hacia la cooperativa, bueno, el remedo de cooperativa que teníamos. Me abrí paso entre tanta lacra tragona y compré un par de dulces. Al verse sin chiste alguno me encaminé hacia el taller de corte y confección. Como pude abrí la puerta y tomé unos pedazos de papel estraza para envolver los dulces. En el camino busqué en los cajones de las máquinas de coser ya que suelen ser caldo de cultivo para accesorios femeninos de último minuto. Suerte. Me topé con una pulsera de fantasía en buen estado. Tomé esas tres cosas y las envolví como mejor pude y de adorno usé un listón viejo que estaba olvidado donde tenían amontonadas un montón de bancas.


Con ese pequeño detalle fui hasta con ella y se lo di.


-Ten, feliz día de la amistad.
-No te pases.


Se le iluminó el rostro, me abrazó y anduvo como calzón de puta con sus dulces y su pulsera. El resto de ese año se la pasó con una visión muchísimo más positiva sobre esa fecha y hasta se la pasó planeando lo que regalaría el siguiente año a sus amigos.


En resumen, conocí a una Grinch del 14 de febrero que gritaba a los cuatro vientos que era una fecha horrible invadida de consumismo y de gente material, alguien se aventuró a obsequiarle algo y dejó de ladrar. Se aplacó.


En su cara, pinches amargados.


-Miucha-

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