12.10.13

Uñas largas

Hace unas semanas llegó mí maestra preferida de la carrera con un libro. El libro en cuestión hablaba sobre la creatividad, qué es, cómo aprovecharla e incluso cómo incentivarla. De entre todas las opciones que había una me llamó mucho la atención, ya que no había oído sobre ella en mucho tiempo, y es algo que hasta sentado fuera de tú casa podrías hacer: Observa con atención a las personas.
De cómo son, cómo visten e incluso de las mañas que tengan puedes sacar ideas que posteriormente te servirán de algo si eres algún creativo como diseñador, escritor o demás. Como para ese tipo de cositas me encanta andar de metiche me dí la tarea de ponerlo en práctica alguna vez y es que, lo admito, soy de las personas que pueden en medio de una multitud y todos pasarían desapercibidos, pero en fin. Después de varios días con esa idea girando dentro de mí cabeza me decidí a ponerla en práctica.
Ahí me tienen, un lindo día de Agosto, con el frío en un costado, junto a una ventana, en un restirador y trazando círculos con una plantilla cuando me agarré mis metafóricos huevos y dije: Sobres, Miuchis, no te hagas pendeja. Elegí a alguien de mí salón, alguien con quien tuve problemas y que hasta la fecha, bendito Luzbel, no me dirige la palabra. So, comencé con la operación.
Observé cada detalle de su ropa, lo desgastado de sus jeans flojos, el suéter hippie a colores con peeling y pelos de perro, botas espantosas en imitación piel abajo de la rodilla; y ya pasado a eso fui adentrándome más en la observación.
Su cabello cenizo repleto de puntas abiertas, el flequillo que ensancha visualmente su cara… su cara, Dios.
Recuerdo que una vez hace mucho, cuando me llamaba la atención un chico, me dijo: -Descuida, si no eres bonita seguro te quiere por simpática. No es la primera vez que hace comentarios así a alguien del salón. Se me quedó grabadísimo porque me lo vino a decir alguien que no era precisamente una modelo austriaca.
Sus ojos ojerosos con legañas, el acné que invade su rostro y las marcas por toda su piel. Sus dientes torcidos y vello facial, toda una venus de nuestra era… Sé que no es el caso más grotesco de acné que hay, y que no debería fijarme porque, vamos, todos tenemos alguno que otro o un punto negro, pero Yisus, sus marcas. ¿De dónde le salen tantas putas marcas?.
Me fijé en sus movimientos, en cómo los ejecuta y por qué. Se estira para abarcar más espacio en el restirador al acostarse sobre él, suele arquear mucho la espalda vayan a saber ustedes por qué pinches lo hace. Golpea las uñas contra la superficie y cuando entra en un lapso de aburrimiento te da la respuesta a sus marcas de la piel… se truena los granos por hobby…
Se rasca levemente la cara con sus largas uñas y cuando encuentra algún pústulo perfecto y en condiciones de exprimir, lo truena. Observa lo que haya salido de ahí y después lo arroja por ahí, y así pasa cada clase, cada día durante toda la semana…
Una creería que todo termina cuando ya no encuentra más “brotes de juventud” en su rostro pero, como diría mi mejor amiwi, pura verga. Se estira y “con discreción” se empieza a hurgar la espalda en busca de más granitos en su punto pa’tronar…
Creí que exageraba y que quizá el ejercicio se me había ido de las manos, pero no. Todo el salón lo notó antes que yo, ya todos saben su hobby y, pues, más cositas asquerositas que hace éste simpático ser…
Desde entonces me cae mal y me da asco (menudo plus). Venir a reventarse los granos en público, sin lavarte las manos después y todavía indagar en sitios más privados es grotesco. Ya las chicas que se quitaban los zapatos en clases me provocaban grima; alguien que hace eso, y que además apesta (como si fuera poco lo anterior), no merece mí respeto como ser vivo.
Aparte, ese día al regresar a casa mientras iba en autobús una señora se rascó la entrepierna… cuando estaba sentada junto a mí…
Váyanse al carajo.
-Miucha-

No hay comentarios: