1.4.14

¿Eres testigo de Jehová o alguna cosa rara de esas? Ven aquí, tú y yo tenemos que hablar...

Sé que no soy la única a la que le molesta que se quieran meter en su cabeza a poner huevecillos de ideas pendejas o de cosas que, de antemano, sé que no van conmigo porque ya me habré topado con ellas o un sinfín de motivos más. La cosa es que, cuando se trata de temas morales o religiosos, me enojo con una rapidez asombrosa y no precisamente porque sea un tema sensible en mí (digo, ambas cosas se pueden ir a tomar por culo) sino porque al parecer la gente cree hacerme un favor al decirme que mis pensamientos son indecorosos o, mejor aún, que mí alma está destinada a irse al infierno.

Está lindo que crean en las cositas que quieran, más aún cuando no se trata de mí familia, porque después de todo cada cabeza es un mundo y cada quién hace lo que le salga del ojete, lo que no está bonito es que vengan a joder y traten de hurgar en mí cabeza, creyéndome estúpida, y traten de meter ideas absurdas o que no me parecen.
Su libertad termina donde empieza la mía, y si yo no voy a meterles la idea de que el pan integral es mejor que el blanco sólo porque sueltas el topo más a gusto, no veo por qué ustedes pueden venir a decirme que me voy a pudrir en el infierno. Wey, ¿quieres asustar a alguien para que no haga cosas malas diciéndole que se irá al infierno? Buena suerte haciéndolo con alguien que no cree en ello.

Me molestan sus métodos invasivos. Que lleguen y toquen la puerta los domingos por la mañana es como si me pasaran un rallador de quesos por mí inexistente escroto. Tienen el descaro de sonreír y aún me piden un poquito de mí tiempo, todo para decirme que no importa qué tan bien actúe, mí destino es irme con Belcebú porque a Cristo-Chucho-Rey lo mandó matar su papá.

Hasta éste punto de su vida, tengan la edad que tengan, deberían hacerse una idea de por qué nadie les abre la puerta. Quizá a las personas no les gusta que les toquen los cojones con cosas que no les interesan, y también deberían entender a esas personas por muy "ateas pecaminosas" que sean. Si ellas NO van a joderte en las mañanas con cosas que sólo ellas creen, NO deberías ir a chingar a sus casas.
Todavía le abriría la puerta a Giorgio A. Tsoukalos porque él cree lo que quiere, si quieres lo escuchas y no te jode el menudo que engulles los domingos por hablarte de marcianos.

Quizá yo no me he leído la biblia de cabo a rabo a la novena potencia (?), pero que no venga "No joderás a tú prójimo" en los mandamientos no quiere decir que lo debas descartar. A lo mejor estoy despotricando mucho para lo que en realidad es (vamos, todos hemos lidiado con alguno de ustedes alguna vez y el mundo no se termina) pero es que ahora sí se la mamaron.

Una cosa es que vayan a la casa de alguien, dándole la posibilidad de esconderse (o en el peor de los casos pedirte que te largues) a las personas, y una muy distinta es que se aprovechen de algún lugar o situación donde las personas no puedan siquiera tratar de evitarte.

A lo que voy es: Subirse a los autobuses, con un altavoz y un micrófono, durante todo el trayecto predicando la palabra de Yisus Craist, es no tener ni una pizquita de madre.

No sólo molestan por querer hacer a su religión extraña a todos los pasajeros, sino que además física y auditivamente joden. A las 6:00 am lo que menos quiero es oír cómo es que debo irme al averno sólo porque Dios amaneció con arena en su celestial vagina y decidió matar a su hijo.

Me parece ya suficientemente malo pasar frío, soportar olores ajenos y que se me entuman las nalgas, como para todavía escuchar voces soporíferas que me vienen a decir lo que he venido evitando desde que tengo uso de razón. Y no es tanto el hecho de que me hablen de sus creencias mágico-peyoteras, en general me molestan aquellos que suben a hacer ruido al camión (ruido pendejo, hay gente que toca o canta cool (por dinero o gratis, da igual)) pero que lleven una puta bocina es el colmo.

Hay tantas cosas realmente importantes por las cuales levantar la voz y ustedes vienen a hacerlo por el Harry Potter de hace poco menos de dos mil años.

Qué bueno que somos el estado menos conocido de la nación, porque entre esto y el fabuloso comentario de los tatuajes lo único que provocamos en pena ajena.

-Miucha-

1 comentario:

Oneechan dijo...

Bueno por acá eso no pasa, no en las camiones al menos, aunque si en las plazas públicas. Como sea, no es lo mismo, aquí los puedes ignorar con bastante facilidad.
Por eso siempre el respeto al derecho ajeno es la conservación de los dientes y que no digan que no les advirtieron, es cuestión de tener un poco de sentido común ._.
En fin, me da gusto volver a leerte miucha ;) aunque sea de manera intermitente!
Nos vemos :D
Sayo~!