23.7.14

Para todo lo demás existe Master Card


Se aproxima una fecha importantísima en el calendario, y si no lo tienen marcado aún no sé cuál es su motor de vida, gente. Falta poco más de un mes para que Bizco Hatori y yo le demos una vuelta más al sol, obviamente ella es más relevante porque nos dejó al Host Club y trajo consigo el tema del harem... pero al revés. Pero bueno, hablando de cumpleaños y vueltas al sol creo haber mencionado ya que no me gustan, para mí al menos, y es que quizá no estoy rodeada de la gente correcta para que de verdad sea significativo el festejo en cuestión (materialmente hablando). Sí, me encanta salir con mis amigos y festejarlo, o que mis familiares me feliciten; pero llevo ya de un tiempo a la fecha en la que odio invitar ajenos a mis cumpleaños (obviamente, eso le encanta a mí madre y sus hermanas).

No sólo porque es incómodo que te abrace alguien que apenas y conoces, tampoco el que vayan de gorrones a engullir cuanto puedan y beber hasta el hartazgo sino que además tienen el descaro de mostrarlo regalándote cosas que creen valen lo que van a engullir, o peor aún, demuestran que además de gorrones son codos y no te conocen ni madres. Y es que a veces parece que escogieron el regalo con los ojos vendados, o algún pensamiento peyotero los hizo darte el regalito. So, después de hacer un recuento de años de fiestas y regalos, he aquí los tres regalos más pinches que me han dado.

Una mariposa de vidrio

No me malinterpreten me encantan las mariposas, creo que es de las pocas cosas que comparto con el grueso de la población femenina, es sólo que el título no alcanza describir lo fea, inútil y fuera de lugar que era ésta. 
Imaginen una mariposa plana, un poco gruesa y del tamaño de una caja para lápices (de esas de plástico que traían una charolita dentro). Ahora imaginen que es tipo vitral pero con los contornos y líneas en bronce; ah, y que todos sus colores sean tonos de verde y caqui... Además del color vomitivo (y que no sé cómo se les ocurrió darle eso a alguien que viste en negro y tonos oscuros) pónganle en la parte de atrás dos arillos de metal para colgar con clavos y ¡listo! Tenemos una mariposa de vitral para jardines, ¡putísimos jardines!.

No supe qué cara poner al abrir el regalo, menos supe cuando vi que era para colgarse en jardines. Se quedó un par de años en el cuarto de los tiliches de la casa y un buen día medio limpiando la mandé al carajo en una caja que íbamos a botar. El motivo, si no parece ya obvio, es que vivo en departamentito so no tengo jardín.

Un paraguas

Lo hubiera agradecido mucho si fuera de esas chicas que casi se suicidan si se les arruina el alaciado en el que trabajaron arduamente durante una hora antes de salir... pero no.
Lo hubiera agradecido si fuera de esas personas que con un poco de llovizna medio mueren de gripe... pero nop.
Lo hubiera agradecido si mí ropa fuera delicada, carísima y se encogiera con la humedad... pero no.

En cientos de casos lo pude haber agradecido, pero no en el mío. En especial porque me encanta caminar bajo la lluvia sea leve o un puto huracán. El paraguas tuvo un mejor fin que la mariposa, tuvo una buena vida útil gracias a mí madre. Cierto día se le quedó en el camión y jamás volvimos a saber de él.

Si alguien lo ve vagando dígale que mí mamá lo extraña.

Un porta retratos (...)

Algún día me casaré con el amor de mí vida (o el hombre de mí vida, who knows) y tendremos miuchitos, obviamente tomaré muchas fotos en el proceso, fotos que luego pondré en portaretratos y acomodaré sobre las mesitas de la sala y quizá hasta de las habitaciones... en el intermedio y por ahora paren de mamar.

No sé en qué momento les pareció buena idea regalármelo cuando yo ni siquiera me tomo fotos. Si veo una cámara trato de huir, desde el inicio de mí pubertad hasta la fecha sólo una vez he pedido que me tomen foto, el resto fueron inevitables. Así que darme un portaretratos es como regalarle comida a una anoréxica; no lo quiero y en mí puta vida me acercaré a él porque en MÍ mundo no me sirve.

La lista va del menos mierda al más mierdoso y de hecho tuve cierto problema con el primer lugar, no sabía si poner a la mariposa o el marco para fotografías; pero después de mucho meditarlo ganó el portaretratos por una razón sencilla: Los que me regalaron la mariposa son ajenos a mí, y los del marco no, son parte de mí familia. Se supone que deberían conocerme bien y no lo hacen y por eso son cagada también.

Por eso después de muchos años de analizarlo he decidido que si un día no sé qué regalar mejor daré dinero, y yo agradecería muchísimo que en lugar de cosas piteras me dieran eso. No sólo porque sus regalos pendejos hacen bulto en mí casa sino porque además le puedo dar un uso mejor. Y no sólo va para mí cumpleaños; puede ser en el de su amiga, su hermana, su madre y hasta la furcia de la esquina. Créanme, su mamá va querer más 200 pesos que una mona de pasta de Pricho's.

-Miucha-

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