15.5.15

Nobody likes douchebags



En fechas recientes (lo digo en el momento en el que estoy escribiendo éstas líneas) tuve la grandiosa oportunidad de trabajar en una obra de teatro que es muy popular en Abril en mí comarca. Era imperdible, de verdad. Quizá en el intermedio con la universidad, una pasarela en puerta y ese trabajo extra estaba que prefería que me arrollara un autobús (siempre supe que llegaría un momento crítico), pero al final de todo sabía que valdría muchísimo la pena.

Decisiones de éste tipo me hacen pensar que aún conservo mí adolescente interna porque de verdad no lo pensé, sabía que si recordaba todo lo que tenía por hacer terminaría dejando pasar el trabajo, pero como todo un macho legionario me agarré mis metafóricos huevos y no habían pasado ni cinco minutos cuando, junto con unas compañeras, corrimos a llenar el papeleo necesario. ¿Quieren saber lo mejor de todo? Vergo de horas de servicio social se liberarían con el tiempo que la obra tuviera funciones más unas tres o cuatro semanas más.

El trabajo no era nada de otro mundo, no es como que ya hubiera hecho cosas como las que hice porque no, pero iba de la mano con mí carrera. Se trataba de arreglar todo el vestuario. Nos llevaron al teatro, nos dieron un recorrido y empezó una explicación sobre cómo iba a ser todo el movimiento en nuestro improvisado taller. Cada disciplina bajaría para buscarle outfit, una vez seleccionado se arreglaría y se separaría de lo que no se asignó para posteriormente regresar a almacén todo lo que no fue elegido.
Bajaron chicos y chicas de todas las disciplinas que esperabas ver en una puesta en escena, hasta que bajaron un chicos que practicaban parkour. Nos pareció curioso y la experiencia en sí fue regular, no tanto por su comportamiento ya que fueron bastante accesibles al momento de medirles las prendas, sino porque despedía olores no muy gratos... Vamos, podías cortar la peste con un cuchillo si quisieras.

Pero no sólo la peste resaltó en la habitación, también un chico lo hizo. Un chico que al parecer encontró agradable exhibirse en ropa interior a pesar de que ya podían vestirse y retirarse de ahí...
Le resultaba agradable porque al parecer estaba marcado, ya saben, marcadillo de "músculos". Lo pongo entre comillas porque al igual que tener chichis estando gorda tener cuadritos siendo flaco carece de mérito.

Los días pasaron y de agradarnos el chico en cuestión pasamos a aborrecerle. Tanto por sus tonterías como por el descuido que tenía hacia el vestuario. El tipito creía que por estar guapo ("guapo") podía hacer sus pendejadas sin molestarnos. Por pendejadas me refiero a no saber dónde dejaba el vestuario, hacer que una estuviera como imbécil buscando partes del traje por todo el teatro, acercar su culo cuando estábamos sentadas (fuera de broma...), etc.

Eventualmente evitamos el contacto con él y se lo dejamos a dos chicas que, como dirían por ahí, estaban que cacheteaban las banquetas por él. Bien por ellas.

Cierto día mientras esperábamos el transporte el tipo me pidió mí botella de agua, por la situación y por cómo lo dijo creí que la usaría de micrófono o algo similar... pero no. Se hizo wey un ratito, la abrió y bebió de ella sin mí pinche perro puto permiso.

Me encabroné; no dije nada. No era su culpa ser un pendejo, era culpa de un montón de chicas que le pasaban sus pendejadas por estar carita. Chicas que le dan la seguridad de que podrá ser un subnormal y no le pasará nada porque medio estado se la quiere cromar.

Me regresó mí botella sin agradecer siquiera. No volví a beber de ella.

Por su modo de ser y ciertos detalles que sabíamos mis compañeras y yo me daba la impresión de que tendría alguna enfermedad transmitible por saliva, tipo gonorrea o sífilis. El resto de agua que quedaba en la botella se lo eché a las plantitas de mí casa y la tiré. 

Me puse a pensar en cuántos imbéciles hay allá afuera como él, cuántos de ellos son natos y cuántos de ellos se volvieron así por culpa todas esas chicas que con tal de que les dirija la palabra un wey que no parezca un orco huertero son capaces de pasar un montón de subnormalidades.

Si están guapos no sean idiotas, no se comporten como si el mundo no los mereciera y sobre todo no crean que a todas nos van a gustar. 

Para todo hay gustos y muchas aún preferimos modales y materia gris sobre la ceja depilada y abdominales marcados de mentiritas.

-Miucha-

No hay comentarios: