19.6.15

Aquí no arreglamos garras



Llegará el día en que tú tía, esa que tiene la facilidad de ir y venir de EUA, te regale cositas de allá. Entre tooooda la cantidad de chucherías que podría traerte decidirá traerte un par de camisas. Pudo traerte las bocinas que puedes usar en tú cagadero para Ipod, pero no. Pudo traerte tocino cubierto de chocolate para que engullas por un mes, pero no. Todos los capítulos de "Here comes Honey Boo Boo" pero, ¡puta caca!, no lo hizo.

Como tú tía no estudió modas, incluso en estos días es probable que ni siquiera haya estudiado algo, desconoce el manejo de las tallas en las prendas. Piensa, al igual que el grueso de la población, que el tallaje "Ch, M, G, XG" es universal y que es el mismo aquí, en Europa, con los chaineses y en Sri Lanka; pero, dear, se la pasa a pelar. Como eres delgadito te llevará la talla chica de una marca gringa y cuando te pruebes las dichosas camisas te quedarán grandes porque, obviamente, a ti te gustan de mamao'. No tiene nada de malo que te guste usarlas así, digo, cada quien su autoestima.

Como tú vida no puede seguir su cause sin sin presumir que tienes cuerpo de dorito (por flaco, lo cual para una servidora no tiene mucho mérito) buscarás a alguien que te las pueda arreglar. Darás con alguien que pueda hacerlo y te pedirá que vayas a un lugar a tomarte las medidas. Ahora bien, pon mucha atención; Cuando te pida ponerte las camisas y alzar los brazos para ir ajustando con alfileres, por Cristo-Chucho-redentor si te pide que te muevas muévete y que te valgan pito los alfileres...

¿Por qué toda la intro pedorra? Porque quiero y puedo. ¿Por qué el tema tan pedorro? Porque, amiguitos, sé que igual les vale pistroche pero ya tuve mí debut y despedida en eso de arreglar ropa.

Desde siempre he creído que el contacto directo con el cliente no es lo mío, pero algo en el teatro me hizo cambiar de opinión. Las personas que vestimos en su mayoría eran muy amables y estaban muy relacionadas con la toma de medidas y demás. Cosa que olvidé en cuanto acepté la chamba que les contaré pero equis.

Resulta que cierto día me llegó el mensaje de una prima, raro considerando que tenemos años de no hablarnos (antes éramos más unidas hasta que la nación de las culeradas atacó). En el mensaje me contaba de un amigo suyo que necesitaba a alguien que le arreglara camisas y como estudio diseño de modas se acordó de mí. -Arre, pues- le respondí.
Me pasó al tipito por Whatsapp y acordamos un lugar para vernos. Yo iba muy segura, digo, arreglar ropa fue parte de mí servicio social.

Al vernos me subí a su auto y en la parte de atrás venían las famosas camisas. Yo las veía bien para el tamaño del chico pero, oh sorpresa, al tipito le gustan apretadas... y tenían un tablón en la espada además de doble costura en los costados. -No hay pedo- pensé.

Al llegar a mí casa, en el salón, comencé a ajustar las camisas con alfileres. El proceso es en realidad muy sencillo: El usuario se pone la camisa, levanta los brazos en 90° y ajustas cantidades iguales donde el usuario lo desee (por ejemplo, quiere 10 centímetros menos en cintura, quitas 2.5 cm de un lado y 2.5 cm de otro). Al terminar de acomodar los alfileres le pedí que se moviera, que flexionara los brazos, los alzara, respirara profundo; todo para que se botaran los alfileres que se tenían que botar.

Sólo bajó los brazos y los volvió a poner en 90°. Le insistí en que se moviera. Le valió verga. Ok.

Después de pedirle varias veces hacer lo mismo con las tres camisas puestas y que le valiera madre, bien dicho sea de paso, procedí a decirle que le pasaría maquinaria especial, por si se sentía incómodo que me lo dijera en ese instante. No dijo nada.

Estuve paseando sus garras por varios días, hasta que se las tuve listas.

Se las fue probando una a una y al salir no decía nada hasta que llegó a la tercer camisa. -La siento justa de la cintura- me dijo. -Eso se dice con los putos alfileres encima- pensé. Continuó diciendo que sentía lo mismo en los antebrazos... que no podía subirlos... en todas las camisas. Me dejó las prendas otra vez y comencé a tibiarme. Puedo reconocer errores míos, que me fui chueca en la puntada, el remate está mal, etc; pero eso de estar inerte cuando le pedí que se moviera y no me lo dijera en la etapa de alfileres fue fallo suyo.

Me las dejó de nuevo y en cuanto llegué a mí casa puse la máquina de coser en marcha. Dato extra: Terminaban los proyectos parciales e iban llegando los trabajos finales en la universidad. 
Las fui aflojando una a una y posteriormente descosiendo lo que ya no debía ir... mientras el tipito me enviaba mensajes diciéndome que le hiciera más cosas a las, ya putísimas, camisas...

Al final hice lo que pude y le cité otra vez para entregárselas. Quedamos a las 6:00 de la tarde y justo a esa hora me mensajeó diciéndome que no podía llegar y que lo haría más tarde. Y con mí tiempo no se juega.

-Te dejaré las camisas aquí, pasa por ellas cuando puedas-. No pensaba esperarle más, en especial pudiendo avisarme desde antes que no podía llegar. -No te preocupes, habrá alguien en casa que te pueda recibir-. Ya mientras recogía mis cosas puse sus camisas en sus respectivos ganchos y antes de salir de casa llegó un mensaje "Oye... y si necesitan más arreglos?". "Vas y chingas a tú madre" me hubiera gustado responder. Le di un choro mareador respecto a la sisa. No iba a hacer más a algo que hubiera quedado bien desde el principio.

¿Lo más culero? Sólo le cobré 100 pesos cuando aquí el precio medio es de 150 sin haberle hecho tantas cosas como pidió.

Sólo esa vez tuve para darme cuenta que los arreglos no son lo mío y no pienso volver a hacerlos.

-Miucha-

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