24.6.15

¿Teléfonos? ¡Al barranco!

Imagen 1.1: Invento de Satanás

Yo suelo cargar a todos lados el título de mamona y lo cierto es que no me molesta. Si por exponer y señalar lo que me molesta pretenden etiquetarme así, háganlo. Me importa tres mil hectáreas de ñonga.

No sé por qué a la gente le incomoda que exponga mí punto de vista sobre las cosas que me parecen un cerro de boñiga, digo, si lo que les molesta es que juzgue las cosas que les gustan saben que cualquier día del año pueden señalar de manera negativa a alguna de mis preferencias.
Pero no lo hacen porque saben que mis gustos son superiores y de macho alfa.

Aunque eso sí debo admitir, me quejo más de lo normal en una persona. Todo el día me puedo estar quejando de un montón de cosas, incluso cuando duermo sueño que me estoy quejando algo. Y si no me quejo de algo busco alguna cosa que me cague la madre para poderme quejar.

Pero geeeeeeeeeeeente, hay de quejas a quejas. Tenemos aquellas tan comunes como "Hay una mosca en mí sopa" hasta aquellas de mujer menopáusica con arena en la vagina y les puedo jurar, con una mano sobre el corazón, que yo no entro en ésta segunda categoría.

¿Acaso soy a la única que le jode recibir llamadas telefónicas pendejas? Si alguno responde que sí lo más seguro es que mienta y por eso le dé gonorrea.

El teléfono es un invento del diablo, y el mío parece que además fue patentado con ayuda de Hitler, el personal completo de la inquisición y Pazuzu. No sólo suena con un tono capaz de reventarte los testículos de tan molesto que es, sino que, además, mí número está esparcido entre una fauna tan variada que un día de responder llamadas podríamos considerarlo una montaña rusa de emociones.

La última llamada que respondí me hizo desear agarrar un maso y despedazar cada teléfono de la casa, también despedazarle la cabeza a quién tuvo la fabulosa idea de llamarme. Y estaría en todo mí derecho a hacerlo porque yo no ando llamando gente en las noches con peticiones pendejas.

*Suena el teléfono durante tres minutos* *Lo dejo porque me estoy duchando* *Sigue sonando con su tono cagalistroso* *Al fin me resigno a contestar*

-¿Bueno?.
-¿Miucha?.
-Eo.
-Oye, ¿podrías checar si está mí mamá en la casa?.
-... ¿Y si mejor llamas a TÚ casa?.
-No, es para poder llegar sin que se entere.

Era mí vecina, que destaca por todo menos por brillante. Ahora, fuera de que ella me caiga mal y no la tolere, ¿creen que yo saldría a la calle, mojada, con shampoo en el cabello, al frío; sólo para ahorrarle una regañada a la pendeja ésta?.

-Ya... Mira, deja veo y te llamo.
-No, aquí te espero.
-... Voy a ver y te llamo.
-No, mejor como te dije.
-... *Cuelga*

 Obviamente no fui a ver, ni la llamé de regreso.

Odio que la gente me llame por teléfono para pendejadas, odio que me interrumpan cuando me ducho o hago cualquier otra cosa de mí interés. Es más, odio a la gente pendeja. Eso ya abarca muchas cosas que me molestan.

Que tengas el número telefónico de alguien no te da derecho a llamarle por tonterías. Si ya por recados me cuesta mucho tomar el teléfono, imaginen cuánto me costaría tomarlo para ser la tapadera una subnormal irresponsable.

¿Quieres llegar tarde a tú casa? Avisa. ¿Quieres evitar una regañada? Llega a la hora que pactaste. ¿Quieres que sea tú tapadera para evitar regaños pendejos que seguro bien los tienes merecidos? Para de mamar y arrójate por un barranco, por favor.

-Miucha-

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