25.12.15

Nope, no me suenas

De preparatoria me quedan bien marcados en la mente varios días, uno en el que incendiaron los baños, otro en el que habían roto un dispensador de toallas femeninas para robarlas (parecía que lo habían hecho con un puto tabique...), uno en el que me la pasé absolutamente sola y leyendo en el aula, etc. Sin embargo hay uno que sólo me dejó una duda que me inquietó sólo un par de minutos antes de descubrir que en realidad me valía un poquito de ñonga.

En el salón ya habíamos llegado a ese punto en el todos tenían con quien juntarse sin ser aún propiamente amigos, consideremos que la amistad es algo muy variable. El caso es que cuando ya todos tenían un par de personitas consigo para no pasar el día solo, porque obviamente la soledad no es de gente cool, salían del aula en los tiempos muertos. 

En realidad no iban a ningún lado, sólo se quedaban fuera estorbando en el pasillo, viendo a las personas de los salones vecinos, hablando entre ellos, picándose la cola, qué sé yo. Yo siempre he pertenecido a ese selecto grupo de personas a las que les caga convivir con otras personas a menos que sean interesantes, por lo mismo la mayor parte del tiempo me la pasaba en el salón, de hecho eso apenas ha cambiado un poco hasta la universidad.

Ya por esos días me hablaba alguien quien posteriormente fue amiga mía (sí... tómenlo tal cual) y ese día no sé por qué pero me dieron ganas de salir, desconozco el motivo la verdad. El caso es que aún no cruzaba el marco de la puerta cuando frente a mí se paró un chica, no más alta que yo, delgada, cabello largo, genérica para que me entiendan. Pero no fue casual o accidental, no, lo hizo a posta ¿Por qué lo sé? Porque me miraba fijo mientras sonreía. 

En su momento sólo me pareció raro y ya, no era la primera vez que pasaba algo así, so simplemente caminé hacia la barda donde me sentaba cuando me daba por tomar airesito pero la voluntad del mundo y de ella tenían que hacer el momento más pinche incómodo.

-Oye.
-... ?
-Hola- sonríe más.
-... Hola.
-¿No te acuerdas de mí?- Se señala a sí misma.
-No.
-¿No te acuerdas?.
-Para nada...- 
-...

Soy muy expresiva y seguro hice la cara más apática del mundo, porque no le quedaron ganas de preguntar de nuevo, y por eso mismo mejor me fui.

Yo en lo personal lo sentí como una experiencia graciosa, hasta que un compa me hizo caer en la cuenta de que nunca me detuve a preguntar quién era ella ni de dónde la conocía. Lo cierto es que esa observación me dio vueltas en la cabeza un par de días hasta que un buen día llegó una amiga a decirme que se juntarían todos los de la secundaria para salir, y aunque no tenía mucho de haber salido de ella ya me empezaban a quedar borrosos varios compañeros que hoy en día no puedo recordar ni a chingadazos.

La respuesta a esa observación estaba ahí, no recordé a la chica, ni me molesté en recordarla como para preguntarle su nombre o de dónde nos conocíamos por algo muy simple: Me valía madre. Justo como mis compañeritos borroros de la secundaria.

Es a veces hasta justificado olvidar un nombre o un rostro, pero olvidar ambas cosas sólo se puede explicar de una manera y esa es que esa persona resultó tan gris que hasta a tu inconsciente le dio hueva recordarla. Y si esa persona me pareció tan gris es porque en realidad no me era relevante en ningún aspecto. Y como diría el abuelo Miucho, Luzbel lo tenga en su santa gloria: A la verga lo que no sirve.

Así de simple.

-Miucha-

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