2.1.16

Año nuevo, entrada nueva

Viajar en camión puede traer experiencias varias a tú vida. No sólo tienes la oportunidad de conocer a una cantidad absurda de gente sino que, además, te pueden vender cosas curiosas o puedes escuchar una canción en el radio del chófer que llame tú atención (aunque es un hecho de que debes pedir un deseo cada que no lleven cumbias, banda o reggaetón; es una posibilidad que me gusta contar).

Puedo decir que el 99.99% de mis traslados han sido más bien neutrales, con sus contadas excepciones. No olvidemos que de esos viajes salió el Greñas (famoso por inexpresivo y caer un poco de mí gracia), varios juegos de plumas y rotuladores a diez pesos, un chico con el que me fui hablando mucho de anime y manga; y el no menos importante (y sí más cagante) comunicólogo fan de Muse.

No me malinterpreten, la gente que estudia comunicación me agrada. Al menos algunos de ellos. Mí madre trabajó en el área de comunicación de mí universidad, y todos los maestros son un encanto; varios alumnos también lo eran además de que una tía es comunicóloga y más personitas que me simpatizan. Diría que éste tipo es el negrito en el arroz pero a su vez en ese tiempo me tocó conocer más gente culera de comunicación y hasta de contabilidad, pero continúo.

Antes de entrar a la universidad tomé un semestre de italiano, una hora diaria. Elegí la clase que inicaba una hora antes de que mí madre saliera de trabajar para así volver ambas a casa. Así que como cualquier día hábil de la semana me preparé y salí a tomar el autobús. El que yo tomo es muy famoso aquí, porque atraviesa toda la ciudad por uno de sus anillos; y por lo mismo de que atraviesa toda la ciudad pues hace más o menos una hora de donde lo tomo hasta mí universidad.

Lo ventajoso de vivir tan lejos de la universidad es que cuando el camión pasa por mí casa va relativamente vacío y en ciertas horas a lo mucho van unas diez personas. Pues bien, esa vez entraba en la segunda opción así que encontré un lugar bastante cómodo en la penúltima fila de asientos. Como el sol molestaba un poquito decidí irme del lado del pasillo. Y unas tres paradas más adelante me tope al dolor de huevos más grande que había tenido desde hace meses.

Era un muchacho, más bien feíto, alto y con el cabello extraño. Tenía el cabello rizado, un poquito largo. De ese largo que a ningún chino se le acomoda, pero insistía en partirlo a la mitad. Siempre me dio la impresión de que lo acomodaba así con su propio sudor... A pesar de la cantidad de asientos disponibles decidió irse de pie junto a mí. Por cortesía y por comodidad, porque me caga tener entrepiernas ajenas en el hombro, me hice hacia la ventana. Se sentó junto a mí y pasados un par de minutos me preguntó la hora.

-Una y quince- respondí.
-Va, gracias.

Seguí escuchando música. En ese tiempo tenía un reproductor coqueto, como un prisma cuadrangular (ay weeeeeeeeeeeey) pequeño. Era en forma de cajita porque podías usarlo sin audífonos y sonaba como un estéreo pequeño. Pero meeeeeh, volviendo al punto. El muchacho se esmeró en hacer charla.

-Oye, ¿dónde lo compraste?.
-¿Qué cosa?.
-La cajita
- En una tienda junto a Soriana de Av. Universidad.

Me pidió que le diera un montón de especificaciones sobre el reproductor y de ahí me empezó a preguntar cosas sobre mí. Le comenté que iba a italiano a la universidad, donde él es alumno. Me preguntó a qué carrera había entrado y me comentó anécdotas varias de conocidas suyas que habían estudiado lo mismo. Entonces llegó el punto crítico. Me pidió mí Facebook.

-Está muy raro, no le vas a entender.
-Ay, ¿qué tan raro puede ser?- sacó su celular mientras lo decía. Creí que lo anotaría nada más.
-... Ya es...

Cuando terminé de deletrearlo me mostró la pantalla de su móvil y me dijo "Listo, para que me aceptes". Me mostró la pantalla con mí perfil donde decía que ya me había enviado solicitud. De pendeja olvidé que existía la gente con plan...

Lo acepté un lunes y sólo hablamos un par de veces. Se quería hacer el interesante en especial al hablar de música.

-¿Qué música te gusta?.
-Pues me va más lo viejito, como Led Zeppelin, The doors, Grand Funk, Judas Priest, aunque igual puede variar.
-Qué hardcore, ¿haz escuchado a Muse?.
-No...
-Esa banda es igual de pesada a veces.
-Le hizo música a Crepúsculo...
-Em, sí, pero tiene una que otra.

Meses después de esto un amigo que es fan del pop me dijo que a él le gustaba Muse precisamente porque NO era una banda pesada. Retomando.

Hablamos más y me insistía en que debía trabajar. No mencionó nada que comúnmente se diría al sugerir buscar empleo. "Para que te compres tus cosas", "para que tengas dinero al entrar a la uni", "tú carrera es cara", etc. Nada. Por sus huevos quería que trabajara sólo porque él lo hacía. Cool.

La segunda ocasión que charlamos fue un miércoles, y ya había matado cualquier esperanza de que le quisiera seguir una conversación, hizo que el gusto me durara un día. Rompió récord el cabrón. Las personas "Soy/Puedo uno más que tú" son el mayor desperdicio de tiempo que puede existir.

-Oye, ¿te gustaría ir al cine conmigo?. Es que me gané dos boletos.

Le dije que sí. Debemos aclarar algo antes de continuar. Invitaciones así no las suelo aceptar, digo, era un tipo que había conocido en el camión un par de días antes. La cosa es que por ese tiempo creí que mí manera de ver las relaciones humanas era errada. Tenía 18 años, me parece, y no había tenido novio hasta entonces. La conclusión que me dio una prima fue que yo era demasiado quisquillosa y que no me daba chance a conocer personas. Que a veces aceptas ser la novia de alguien y en el trayecto ves si te enamoras de esa persona o no. Cabe destacar que esa prima ahora tiene cantidades inmensas de arena en la vagina, pero continuemos.

Quedamos a cierta hora en un centro comercial, dentro de éste estaba el cine. Mí padre me acompañó hasta donde estaba él y le saludó. Al soltarle la mano a mí papá hizo un movimiento más bien chistoso, como cuando te cagas de miedo por tocar algo. Es de las pocas veces donde agradezco que mí papá haya asustado al tipito en cuestión. Me dijo que pasáramos a comprar comida antes de los boletos. Entramos a una tienda de autoservicio y compró un paquete de donas. Al salir pidió que yo las llevara en mí morral porque era menos sospechoso...

Fuimos a donde la taquilla y me preguntó lo que quería ver.

-¿Pero no te habías ganado los boletos?.
-Em... sí...
-Pero si te los han regalado son para función en específico.
-No, es que... en donde me los dieron podías elegir.
-Ya, en todo caso elige tú ya que vas a poner los boletos- no era nada personal. En general si me invita alguien y no pongo ni un quinto dejo que escojan la película.

La cosa empezó a pintar mal no sólo por la película que eligió, sino porque no se había ganado ni madres. En lugar de ver algún boleto canjeable sacó dinero. Puta perra vida.

Escogió "La era del rock"... Lo incómodo no es que haya elegido la película más marica, no. Lo incómodo vino dentro de la sala.

No creo ser la única persona que piense que ir al cine en una primera cita es feo. No existe la confianza suficiente como para estar a gusto en un sitio oscuro (independientemente de que el tipo te tengas ganas o no) y en realidad no puedes compartir tiempo para conocer a quien te haya invitado porque, dah; es un sitio oscuro donde no puedes hablar por ver la película. 

La película empezó, y de lo poco que recuerdo salía una rubia en un autobús cantando mientras escuchaba música. Una mamada toda cursí, pues.

-Me recuerda a ti- dijo al acercarse a mí oído.
-Obvio no- le respondí.
-Me refería a que te conocí así, escuchando música.
-Ah, órale.

Me recargué hacia el lado opuesto del asiento donde estaba él. Pasaba la película, canciones destrozadas, diálogos pedorros, muchas pendejadas; pero todas lentísimas. Llegó un personaje que me gustó por su cabello, le hacían peinados coquetos y bueno, resulta que soy bastante expresiva a veces.

-¿Qué pasa? Jaja.
-Ve su cabello, está todo genialoso.
-A mí me gusta más el tuyo.
-...

Puta caca, pensé. No lancé más comentarios. A ratos tarareaba las canciones, cosa que le sorprendió ya que me supe al menos el 80% de éstas. Salimos del cine y salimos del centro comercial, mí padre ya me esperaba en el estacionamiento. Gracias Luzbel.

Si ya todo había sido más incómodo que tener una rama de rosal en el ojete Don Miucho decidió que todavía podía ponerse más pinche feo el asunto... decidió darle un aventón a su casa. En el trayecto mí papá trataba de platicar con él como toda persona agradable y decente, pero el tipito nomás no se dejaba querer; cosa que me alegra muchísimo. 
Lo dejamos cerca de su casa y en cuanto se bajó de la camioneta una vez avanzados un par de metros Don Miucho casi explota de la risa. El motivo era que con lo mamila y darks que era para elegir prospectos, terminé saliendo con alguien que le dio la mano a mí papá como si Satanás le hubiera apretado la mano. Y sí, tenía razón. Desde entonces a cualquier consejo familiar le hago el feo como si tuviera lepra.

Si se preguntan qué pasó con el comunicólogo fan de Muse es simple, se enteró de la situación del Greñas y no le gustó. Se enojó porque obviamente con una invitación pedorrísima al cine ya me la podía hacer de pedo si me gustaba alguien más. Nos mandamos por un tubo, bendito sea Luzbel. 

Me lo he topado un par de veces en la universidad y se hace como el que no me ve. Ah, y sigue con su peinado que parece hecho con sudor. Todo un galán.

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Feliz año nuevo a todos los que leen éste pequeño y churpio congal. Que todos sus propósitos de año nuevo se cumplan no sin antes darse cuenta que sólo ustedes deciden si se realizan o no, so dejen de hacerle a la mamada. Y espero que el último día del año no hayan hecho pendejadas pero sí se la pasaran muy bien.


Por un año más de mame. Salud *Le toma a su Sprite*

-Miucha-

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