28.6.16

Mamonerías más, mamonerías menos

Antes que otra cosa suceda cabe aclarar que la entrada tiene meses en espera. ¿El motivo? Es sencillo, la universidad es una perra celosa que no puede verme feliz con otra actividad como el escribir. 

Gracias por su comprensión.

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My face when that shit happened.

Eso de que las personas cambian es una mariconada para autoconsolarse cuando alguien te trata peor que cagada. Las personas nunca cambian, son los papás (?), y les puedo decir con una mano sobre el corazón que de todas las personas mierdecillas que conozco, a pesar de que se han ido quedando sin amigos, todos siguen siendo iguales.

¿A qué viene todo esto? Verán, hace unos dos días iba a la cafetería con mis compañeras. Cuando vas de la biblioteca a la cafetería "De los doctores" pasas por una especie pasillo en  donde hay plantas a ambos lados. Puedes sentarte en la orilla si te apetece, y así lo hizo una perejita dos días seguidos. La cosa es que la primera vez que pasé me sentí observaba, algo muy incómodo como muchos podrán saber. Al mirar mejor me di cuenta que se trataba de un chico, hablando con una chava y un bebé en brazos. La chica preparaba una mamila mientras el tipito se dedicaba a verme pasar.

Al verlo me pareció familiar, y de verdad me esforcé mucho al inicio por recordarlo, pero por lo mismo de que pasé con cierta prisa no logré mucho. Al día siguiente volvimos a pasar por ahí pero ésta vez a la hora de la salida; la escena fue casi la misma, y como llegar rápido a un camión atascado de gente no es nuestra prioridad pasamos más lento ésta vez.

Les diré qué tiene que ver todo eso de que las personas no cambian con la historia de aquí arribita. El tipito que sostenía al bebé en brazos mientras la otra chica estaba por darle de comer, a sus 17-casi-18 era un guarro descarado precoz. ¿Cómo lo sé? Sencillo, compartimos una clase al entrar a la universidad.

¿Cómo supe que era un guarro descarado precoz? Fácil, intentó meterse con todas las mujeres que pudo de nuestra clase y un buen día una cayó. 
Recuerdo que la chica de la que me hice amiga un buen día salió al baño y al volver estaba entre confundida y asqueada; al preguntarle me dijo "¿No notas que faltan personas?" y sí, faltaban dos compañeros. Al comentarle que, si mi memoria no me fallaba, faltaban una chica y el chico en cuestión me dijo "Sí, es que se están besando aquí afuera en el pasillo, pero pues muy atascados". Resulta que no sólo se estaban besando de manera atascada sino que, aprovechando que los pasillos por la hora de clase estaban solos, también se metían mano y todo.

Un chico que era compañero de la muchacha-besuqueada-en-cuestión nos vino a contar que con lo desesperada que estaba no le sorprendía. El caso es que un día, estando en el restirador escuchando la clase el chico besuqueador llegó y se metió entre mí amiguita y yo. Ambas le ignoramos hasta que el tipito se me quedó mirando.

-Oye, estás guapa- Pesaba muchísimo menos y me arreglaba más en ese entonces.
-Ah, Gracias.
-Oye ¿Te gustaría que nos besáramos?.
-Qué asco, no.
-¿Por qué no?.
-Porque no quiero y porque besar desconocidos asquea.

Nunca he entendido la facilidad con la que lo hacen muchas personas. No sabes nada del otro; dónde ha estado su boca, qué ha comido, si se lava los dientes siquiera o si tiene una ETS y ahí van, tan fácil y sencillo. Perdón si son de esas personas, pero igual el asco no se me va quitar. 
El caso es que esa situación fue difícil de olvidar por dos razones: Era la primera vez que alguien era así de directo conmigo y el tipito. Feíto, calenturiento y desesperado; esa combinación es fatal. Además creo que todos los del curso le recordamos por eso, porque era el único que cada semana intentaba lo mismo con otra chica del salón hasta que alguna cayera y la única que lo hizo fue la otra feíta desesperada.

Supe, o como mínimo imaginaba, que el chavito tarde o temprano terminaría así. El curso acabó y todos nos fuimos a nuestras respectivas carreras, me olvidé de él hasta hace unos días que me lo volví a encontrar haciéndome ver que, por lo menos un 90% de las veces, mis predicciones resultan acertadas.

Y que por lo general son las más jodidas las que terminan ocurriendo.

-Miucha-

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