16.12.16

La historia de los quince minutos



Mi amigo acaba de botar a su novia hace ya un rato. El motivo es muy fácil de comprender: Era una culera. Un buen día amaneció y decidió que no estaba bien el trato que ella le daba so la mandó por un tubo. Una decisión así, en la que se sigue sintiendo algo por esa persona pero se sabe nociva para sí mismo, debe ser complicadísima. 

No les voy a mentir, cada que sale el tema no sé cómo ni qué aconsejarle porque no me he visto en una relación similar. Me siento como esos memes en los que hacen mofa de la gente que te dice “Ay, ya no estés triste” y mágicamente dejas tu depresión a un lado, así de meca.

La cuestión aquí es que cuando sale el tema mí compita hace referencia a que hacía muchas pendejadas o se apendejaba por la muchacha en cuestión; y me da cosita eso de auto-ofenderse de esa manera ya que a decir verdad todos tuvimos a alguien por quien hicimos muchas pendejadas o soportamos pendejadas.

Por si no fuera suficiente, la situación con mi amigo se presentó poco después de que encontré un montón de diarios viejos debajo de mi colchón. La historia detrás de esto no es taaaaan interesante: Me empezó a doler la espalda y consideraron pertinente comprarme otro colchón, fin.

¿Cómo se mezcla esto con la teoría de las pendejadas? Ya mismo les cuento.

En uno de esos tantos diarios, porque son más de 6 si mi memoria no me falla, encontré uno (el ultimo si no me equivoco) en donde ya estaba por salir de la secundaria o empezando la prepa y Miucha, la pequeña Miucha, estaba enamorada. O tal vez no enamorada pero sí le gustaba mucho un muchacho. Cualquiera pensaría que en un diario hablar del primer tipito que te gusta implicaría páginas y páginas de melcocha, pues no; sí hablaba de que me estaba gustando, que salía con él y demás, pero nunca nada tipo Helga G. Pataki. Y por si no fuera lo suficientemente insípido mi gusto por él, me topé con una frase que me hizo reír mucho al inicio y que después de unos cinco minutos me hizo sentir pena ajena por la Miuchilla de antaño.

“Acabo de descubrir que (Inserte nombre del tipito) es un pendejo, pero lo perdono porque seguro no es su culpa”

Me imaginé a mis tiernecitos 14 o 15 años escribiendo eso, me dio mucha risa. Seguí leyendo los acontecimientos de ese día y bueno, dejó de ser divertido. A grandes rasgos el muchacho que me gustaba me dejó plantada, así tal cual.

Narraba en esas páginas el haber llegado al lugar de la cita y esperar; primero diez minutos, luego quince, después media hora y al final una hora. Después de dar un par de vueltas en el asiento, suspirar y ver el tiempo pasar en el celular me di cuenta que, efectivamente, me había plantado. Tomé mi mochila y caminé por el centro comercial a la salida mientras buscaba el número de mí madre en el celular. Le llamé para saber dónde estaba, me preguntó qué pasaba y con mucha vergüenza le conté que me habían dejado plantada.

En ese punto del texto me encontraba molesta, porque ahora después de tanto mame y decepciones sé que quien debió avergonzarse no fui yo sino él. Tanto por dejarme plantada como por poner el pretexto más pendejo y pedorro esperando que me yo me lo tragara.

-¿Por qué no me avisaste? Me hubieras llamado o algo.
-Porque no había luz.
-…

Seguramente la conversación no fue así textualmente pero la esencia de la misma sí. Así como lo leen, no me pudo llamar desde el teléfono fijo de su casa porque no había luz. Porque obviamente Teléfonos de México colapsa a la verga cuando no hay luz.

Algo que me dio un poco de consuelo después de leer semejante plasta fue la frase que leyeron antes, “Fulanito es un pendejo, pero lo perdono porque seguro no es su culpa”. Y hasta la fecha creo eso, no es él sino lo que se le presente en el entorno; y en su entorno se presentó que le estaba gustando alguien.

Por si se lo están preguntando, sí; me dejó plantada porque se salió con otras personas entre las que se encontraba una chavita que le estaba gustando. Ni siquiera tenía clase para esas cosas, en fin.

Lo curioso es que desde entonces al salir con alguien, quien sea, sólo lo espero durante 15 minutos. No más no menos. Si en el transcurso de esos quince minutos me mandan mensaje o me llaman para avisar que llegarán algo tarde lo acepto; pero desde ese incidente a los quince minutos (sin aviso de antemano) tomo mis cosas y voy. 
¿Llegaste al minuto diecisiete? Al pasar de esos quince dejaste de ser asunto mío, lo siento.

¿A qué viene toda ésta historia? Que yo también me apendejé en su momento, soporté y justifiqué pendejadas porque me gustaba alguien. Seguro quien lea esto también lo habrá hecho o esté por hacerlo si es que se pone en el plan de único y diferente diciendo “Nah, yo no”. Espero que a mi amiguito se le pase ésta temporada en la que se siente mal cuando quien la cagó no fue él sino la arpía con la que se metió y que auto-culparse bajo el paro de ponerse pendejo está mal ya que en esencia todos hemos pasado por ello alguna vez.

O todos pendejos o ninguno.


También espero que me patrocinen mi cajita de regalos asiáticos para Navidad, pero esa es otra historia.

-Miucha-

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